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¿Qué es la desregulación emocional y cómo ayudar a niños y adultos?

¿Qué es la desregulación emocional y cómo ayudar a niños y adultos?

La desregulación emocional ocurre cuando el sistema nervioso tiene dificultades para manejar, procesar o responder de manera adaptativa a emociones intensas, estrés o estímulos del entorno. Puede manifestarse como llanto explosivo, irritabilidad, ansiedad, impulsividad, bloqueo, crisis emocionales o incluso agotamiento extremo. 

Aunque todos podemos desregularnos en ciertos momentos, algunas personas —especialmente personas neurodiversas, autistas, con TDAH, ansiedad o alta sensibilidad— pueden experimentar estas respuestas con mayor intensidad y frecuencia.

Hoy sabemos que la regulación emocional no depende solo de “controlarse” o “portarse bien”. Involucra múltiples procesos del cerebro y del sistema nervioso, incluyendo la capacidad de anticipar, tolerar cambios, procesar estímulos sensoriales y sentirse seguros en el entorno. Diversos estudios muestran que las diferencias en procesamiento sensorial y estrés fisiológico pueden influir profundamente en cómo una persona responde emocionalmente (American Psychological Association, 2023; Schaaf & Mailloux, 2015).


Cuando el cuerpo empieza a avisar

Muchas veces, las desregulaciones no aparecen de la nada. El cuerpo suele mostrar señales antes de llegar a una crisis.

Como mamá de una hija autista, he aprendido que las desregulaciones cambian con el tiempo. A medida que crece, también cambia la manera en que expresa que algo no está bien. Hoy puedo notar ciertas señales que me ayudan a prepararme: aumento de estereotipias, irritabilidad repentina, cambios rápidos de humor, necesidad intensa de movimiento o búsqueda de estímulo oral.

Y aunque sigue siendo agotador estar atenta, también me ha permitido entender algo importante: mi hija, a su manera, sí está comunicando que necesita ayuda.

A veces, las familias vivimos en un estado constante de alerta intentando anticipar crisis, sobrecargas o explosiones emocionales. Y eso cansa. Mucho. Porque muchas veces somos los adultos quienes nos convertimos en la principal fuente de regulación para nuestros hijos.

Pero también he aprendido otra cosa importante: no siempre podremos prevenir todo. Entregarse un poco a la incertidumbre, bajar la exigencia y aceptar que habrá días difíciles también puede ser parte del proceso.


Señales frecuentes de desregulación emocional

Cada persona es distinta, pero algunas señales comunes pueden incluir:

  • Irritabilidad o cambios bruscos de humor
  • Sensibilidad extrema a ruidos, luces o estímulos
  • Aumento de movimientos repetitivos o estereotipias
  • Necesidad intensa de movimiento
  • Llanto fácil o explosivo
  • Dificultad para comunicarse
  • Agotamiento después de actividades sociales,
  • Búsqueda oral (morder, mascar, chupar objetos)
  • Aislamiento o bloqueo emocional

En niños, estas respuestas muchas veces no son “manipulación” ni “mal comportamiento”. Con frecuencia son señales de un sistema nervioso sobrecargado.


Cómo ayudar durante una desregulación

No existe una fórmula única, pero sí hay estrategias que pueden ayudar a disminuir la intensidad emocional y aumentar la sensación de seguridad.

1. Regularnos primero como adultos

Los niños co-regulan con nosotros. Nuestro tono de voz, velocidad, tensión corporal y emociones impactan directamente en ellos. A veces, antes de ayudar a un hijo, necesitamos respirar y regularnos nosotros mismos.

2. Reducir estímulos

Bajar luces, disminuir ruido, ofrecer un espacio tranquilo o reducir demandas verbales puede ayudar muchísimo al sistema nervioso.

3. Validar antes de corregir

Frases como: “Veo que esto se siente muy difícil”; “Estoy aquí contigo”; “Tu cuerpo parece muy sobrepasado”; pueden ayudar más que largas explicaciones en medio de una crisis.

4. Ofrecer herramientas sensoriales

Muchas personas logran regularse mejor a través de estímulos táctiles, presión profunda, movimiento o respiración guiada.

Herramientas como: fidgets, anillos sensoriales, peluches con peso, tapones auditivos, temporizadores visuales, collares o luces de respiración, etc; pueden transformarse en apoyos concretos para anticipar o atravesar momentos difíciles.


Regular no significa eliminar emociones

La regulación emocional no busca que los niños, adolecentes o adultos “dejen de sentir”. Busca ayudarlos a atravesar emociones intensas con mayor seguridad, comprensión y apoyo. Y eso también incluye acompañarnos a nosotros mismos como adultos.

Porque criar, sostener y acompañar procesos de desregulación emocional puede ser profundamente demandante. Y muchas veces, los cuidadores también necesitamos pausas, contención y herramientas para regular nuestro propio sistema nervioso.

En Senso Co. creemos que comprender estas experiencias desde la empatía —y no desde el juicio— puede cambiar profundamente la manera en que acompañamos a quienes más queremos. Te invitamos a que visites nuestra página y encuentres productos para tu bienestar emocional y sensorial y el de tu familia. 




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